{"id":1234,"date":"2013-08-31T12:28:00","date_gmt":"2013-08-31T15:28:00","guid":{"rendered":"https:\/\/viajeraeditora.wordpress.com\/2013\/08\/31\/sobre-casa-de-viaje-de-natalia-monsegur"},"modified":"2015-06-18T02:50:52","modified_gmt":"2015-06-18T05:50:52","slug":"sobre-casa-de-viaje-de-natalia-monsegur","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/2013\/08\/sobre-casa-de-viaje-de-natalia-monsegur\/","title":{"rendered":"Sobre \u00abCasa de Viaje\u00bb de Natalia Monsegur"},"content":{"rendered":"<div style=\"text-align:justify;\">\n<div style=\"text-align:center;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\"><b><br \/><\/b><\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:center;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\"><b>Ac\u00e1 o All\u00e1 \/ Adentro o Afuera<\/b><\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:start;\"><\/div>\n<div style=\"text-align:start;\"><\/div>\n<div style=\"text-align:start;\"><\/div>\n<div style=\"text-align:justify;\"><a href=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/casadeviajetapa_thumb.jpg\" style=\"clear:left;float:left;margin-bottom:1em;margin-right:1em;\"><img loading=\"lazy\" border=\"0\" height=\"320\" src=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/casadeviajetapa_thumb.jpg\" width=\"205\" \/><\/a><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\">Hay en el tejido de esta red una ausencia. Algo que se cuela, se seguir\u00e1 colando, por los intersticios de la malla. Una a\u00f1oranza, un peque\u00f1o dolor. Vientito que, al soplar, desti\u00f1e y compromete. La viajera va y viene por distintos espacios. La viajera desea. Pero el objeto de su deseo siempre est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1: en otro pa\u00eds, en otro hombre o cultura. A poco de llegar, ya est\u00e1 partiendo. La red sostiene una permanencia: la de la pura deconstrucci\u00f3n. La sangre familiar va de \u201cac\u00e1 para all\u00e1\u201d, y el accidente puede ser geogr\u00e1fico; pero se intuye percance, infortunio. \u00bfSer\u00e1 que, efectivamente, fue la sal la que trajo la mala suerte?<\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:justify;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\">La tormenta es hacia adentro y espanta a los p\u00e1jaros que deciden migrar hacia donde el sol \u201cno pique de lastimar\u201d ni tenga errores. El infortunio es el nomadismo. La sensaci\u00f3n de no pertenecer y estar siempre inaugurando una estad\u00eda. No es posible limitarse a llegar, pero en esta red tampoco hay d\u00f3nde quedarse. La urdimbre es azarosa, inestable, imprevisible. Y es que, cuando los viajes no se eligen, cuando est\u00e1n impuestos, exigidos, determinados por otros, el trayecto deja de ser una aventura o un goce. \u201cEs la historia fundacional tenernos lejos\u201d, dice la autora. En ese contexto, el otro es siempre una extra\u00f1eza, una falta.<\/p>\n<table cellpadding=\"0\" cellspacing=\"0\" class=\"tr-caption-container\" style=\"float:right;margin-left:1em;text-align:right;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"text-align:center;\"><a href=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/40ff9-foto0217.jpg\" style=\"clear:right;margin-bottom:1em;margin-left:auto;margin-right:auto;\"><img loading=\"lazy\" border=\"0\" height=\"320\" src=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/40ff9-foto0217.jpg?w=209\" width=\"223\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td class=\"tr-caption\" style=\"text-align:center;\">Jos\u00e9 Mar\u00eda Perez Alonso<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p><\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:justify;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\">Las fronteras de lo real deber\u00edan sencillamente otorgar nacionalidad y casa, un espacio en el que vivir y desarrollar los d\u00edas. Casa, familia, techo para que no llueva sobre la sopa caliente, para que el cuerpo no nos llore. En cambio, cuando las fronteras son imperativas (igual que algunos viajes), se convierten en una verdadera amenaza. En ellas sobreabundan el control, los alambres (en donde no anidar\u00edan, no podr\u00edan anidar, los p\u00e1jaros), los sectores. Plur\u00edvoca y nunca m\u00e1s real la met\u00e1fora que clausura (sic): \u201cdividimos la parcela para quedarnos\/ quietos\u201d. Hace pensar en un cementerio, en una desolaci\u00f3n contundente y\u00a0final. Entonces no es lo mismo estar ac\u00e1 o all\u00e1, adentro o afuera, libre o detenido en ese espacio circunscripto y peligroso.<\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:justify;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\">Natalia Monsegur habla de esa c\u00e1rcel: la de la inseguridad, la del exilio. Pero, tambi\u00e9n, de la obscena actitud de lo fronterizo que, a puro capricho, hoy pone l\u00edmites que ma\u00f1ana eludir\u00e1. \u201cLas fronteras ahora existen\/ y despu\u00e9s\/ son distintas\u201d, dice. Cabr\u00eda preguntarse entonces para qu\u00e9, con qu\u00e9 objetivo, se instalan campos minados en donde deber\u00eda haber s\u00f3lo planicie, semillas (\u201credondas y \u00fatiles\u201d), ra\u00edces en las que crecer y verdecer. Se ve tan in\u00fatil el abuso, tan demencial. La lavandina no blanquea absolutamente nada.<\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:justify;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\">Son muchas las inquietudes que crecen a lo largo de estos poemas. Y varias las lecturas que pueden hacerse de los mismos. La frontera puede referirse al propio cuerpo, a las propias limitaciones, al depredador interior que llevamos y que sesga lo que anhelamos ser y poseer (\u201chay lugares donde el deseo es tan grande\/ que parece esencial\/ y casi peligroso\/ no ir\/ o no irse\u201d). Pero tambi\u00e9n aluden, sin lugar a dudas, a las geogr\u00e1ficas. De tal manera que la referencia pol\u00edtica se vuelve inevitable (y, sobre todo, impostergable). Los poemas cuentan una historia (dolorosa, reciente), pero la autora decide aliviarla. No disimularla, sino darle entidad l\u00edrica. Y es ah\u00ed donde duele a\u00fan m\u00e1s todav\u00eda. Es que lo que ella logra, en realidad, es dar nombre, con enorme honestidad y compromiso est\u00e9tico, a todo lo perif\u00e9rico; es decir, a todo aquello que culturalmente nunca es visto como medular (central, prioritario, necesariamente emergente) y que, a\u00fan m\u00e1s, se prefiere ignorar o invisibilizar invocando modelos habitualmente tranquilizadores y convencionales. En esa periferia est\u00e1n el ind\u00edgena (\u201caraucaria vence\u201d), algunos territorios (\u00c1frica \u201cdentro de la tierra roja\u201d, Latinoam\u00e9rica), ella misma en su condici\u00f3n de mujer (\u201cque une\/ ac\u00e1 y all\u00e1\u201d), \u201cla inmigraci\u00f3n atada\u201d, \u201cel esperpento serpentina de la Espa\u00f1a profunda\u201d, \u201clos pa\u00edses sin luces\u201d, las islas, \u201cel ciudadano a la intemperie\u201d, el mestizo, el submundo, las marionetas (la vida\u00a0pende de un hilo). Un zool\u00f3gico nada ecol\u00f3gico, si cabe el juego de palabras. La distancia se interroga como una manifestaci\u00f3n posible de la libertad; aunque ambas palabras no son sin\u00f3nimos, ni siquiera equivalentes. Se disfraza la errancia s\u00f3lo para que no duela tanto la inc\u00f3moda comprobaci\u00f3n; s\u00f3lo para calmar el \u201cojo del hurac\u00e1n\u201d, la \u201cpandemia\u201d. Pero la autora no se enga\u00f1a: y prefiere la selva, en todo caso.<\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:justify;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\">En paralelo, este acontecer (o esta obligatoria evasi\u00f3n) le permite introducir, en otro plano, algunas referencias respecto de la dificultad ante el hecho creativo en s\u00ed mismo, la \u201clateralidad de la lengua\u201d, la g\u00e9nesis literaria o, en su defecto, lo que queda luego de que los papeles se humedecen o el lenguaje se esconde. (Algo siempre queda, siempre quedar\u00e1).<\/span><\/div>\n<table cellpadding=\"0\" cellspacing=\"0\" class=\"tr-caption-container\" style=\"float:left;margin-right:1em;text-align:left;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"text-align:center;\"><a href=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/e3da0-foto0204.jpg\" style=\"clear:left;margin-bottom:1em;margin-left:auto;margin-right:auto;\"><img loading=\"lazy\" border=\"0\" height=\"225\" src=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/e3da0-foto0204.jpg?w=300\" width=\"320\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td class=\"tr-caption\" style=\"text-align:center;\">Jos\u00e9 Mar\u00eda Perez Alonso<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<div style=\"text-align:justify;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\">En medio de una bell\u00edsima sucesi\u00f3n de im\u00e1genes y met\u00e1foras, la que prevalece es la del mar. \u00c9sa es la \u201cfrontera mayor\u201d. En esta ocasi\u00f3n las aguas no se abren para que la viajera pase (otra referencia b\u00edblica equiparable a la de la \u201chistoria fundacional\u201d), sino que siempre est\u00e1n dividiendo al racimo familiar que insiste en no disolverse. El mar es un animal viviente (\u201cle quit\u00e9 la piel de agua\/ me la puse encima\/ como el asno\u201d), y conlleva su propia simbolog\u00eda: las emociones, la madre, el flujo y reflujo (una actividad semejante a la lunar), la transitoriedad. Algunos se ahogan, otros lo navegan. Ella quiere un puente, pero la distancia entre los continentes (o sus equivalencias) es enorme. Evocadas a partir del mar (m\u00e1s cerca o lejos del mismo), las diferentes ciudades le permiten imaginar identidades azarosas. Monsegur utiliza el potencial de tal manera que, aunque las exhibe como posibilidades, es sabido que, por el contrario, las est\u00e1 excluyendo de su verdadera entidad de manera total y absoluta. Ella, decididamente, no tendr\u00e1 (ni querr\u00e1 tener) el cabello carr\u00e9, ni zapatear\u00e1 flamenco, ni comer\u00e1 hongos o desporrar\u00e1 ma\u00edces, ni habr\u00e1 un hielo diferente en su itinerario incansable. Ni Estocolmo, ni Baleares, ni Bolivia, ni\u00a0Argelia, ni Chile (aunque el clima, \u00bfcu\u00e1l de todos los posibles?, fuera parecido). S\u00ed, Barcelona (lugar en el que naci\u00f3).<\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:justify;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\">Finalmente tambi\u00e9n un mar blanco, un l\u00edquido espacio en la hoja, divide al libro como objeto. De un lado est\u00e1n los poemas, la superficie tisular de la red, el esqueleto bello, la sugesti\u00f3n. Del otro, abajo, como un pie de p\u00e1gina, la narraci\u00f3n. Po\u00e9tica tambi\u00e9n, pero m\u00e1s directa, secuencial, enunciativa. Ambas propuestas se completan entre s\u00ed. Y ambas son necesarias. Lejos de confundir o limitar, expanden el hilado, lo corporizan. Bastar\u00edan apenas unas pocas, elegidas, fibrosas, para sumergir al lector en esa ruptura del orden, de la legitimidad. Sol y luna, padre y madre resaltan como n\u00facleos referenciales (los \u00fanicos que se adivinan en esa infancia accidentada y triste). Ella, en la c\u00e1rcel de la estrella roja; \u00e9l, abriendo una lata de mejillones o berberechos para luego ense\u00f1arle a la ni\u00f1a por qu\u00e9 se mueren las tortugas (sostenedoras del mundo en las culturas arcaicas, transportadoras de su domicilio vayan donde vayan; hasta lleva a inferir que las \u201cl\u00edneas del cuello\u201d del \u00fanico, brev\u00edsimo, poema de dos versos podr\u00edan aludir a ellas). Tambi\u00e9n para que en otra instancia cercana, la peque\u00f1a se atragante \u201cporque se separaba de \u00e9l\u201d. Efecto que perdurar\u00e1 a\u00fan superado el exilio, la mudanza: las mujeres se asustan cuando escuchan pasar a los helic\u00f3pteros, ella recordar\u00e1 el domingo de sol en el que hablaba de la polic\u00eda con el padre.<\/p>\n<table cellpadding=\"0\" cellspacing=\"0\" class=\"tr-caption-container\" style=\"float:right;margin-left:1em;text-align:right;\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"text-align:center;\"><a href=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/805e0-foto0196.jpg\" style=\"clear:right;margin-bottom:1em;margin-left:auto;margin-right:auto;\"><img loading=\"lazy\" border=\"0\" height=\"240\" src=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/08\/805e0-foto0196.jpg?w=300\" width=\"320\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td class=\"tr-caption\" style=\"text-align:center;\">Jos\u00e9 Mar\u00eda Perez Alonso<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p><\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:justify;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\">\u201c\u2026\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la geograf\u00eda despierta?\u201d, pregunta; \u201c\u00bfcu\u00e1nto tiempo tardan\/ en venir\/ todas las olas\u201d, agrega. La \u201crara estaci\u00f3n\u201d (como situaci\u00f3n de viaje o como fen\u00f3meno clim\u00e1tico; casi, extremando las interpretaciones, tambi\u00e9n como \u201cmanera de estar\u201d) termina defini\u00e9ndose como el lapso temporal (y entonces tambi\u00e9n espacial) en que se configura, define, abruma, aligera una etapa de la vida. La resiliencia hace que ahora el poema abandone a la viajera en forma de canto y que nos pertenezca. No cantaremos \u201cfelicidad, felicidad tururu\u2026\u201d, a pesar de que la superficialidad (nada inocente)de algunos recortes de la \u201ccivilizaci\u00f3n\u201d aliente estas formas evasivas; pero percibiremos, gracias a ella, mariposas en el cuerpo y en la memoria (a pesar de, siempre a pesar).<\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:justify;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\">Costas, barandas, direcciones que se olvidan, agujeros (con Alicia incluida), cartas que se escriben s\u00f3lo para no enloquecer, banderas, un crecimiento a fuerza de obligarse a oler al destino \u201cpor detr\u00e1s\u201d. M\u00e1xima cautela, una herida sangrante cubierta por el pasto.<\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:justify;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\">En los poemas finales el canto \u00e9pico de Natalia Monsegur se hace m\u00e1s cotidiano, diurno, aunque nada complaciente tampoco. Pocas veces un primer libro adquiere una estatura tan \u201cespont\u00e1neamente literaria\u201d; es decir, con oficio y soltura a la vez. Finalmente, la cita a las memorias de Marcos Ana, poeta y militante espa\u00f1ol que pas\u00f3 veintitr\u00e9s a\u00f1os de prisi\u00f3n durante la dictadura de Franco da encuadre a este vientito que \u201cen las raras\u201d nos quiebra y emociona.<\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:start;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\"><br \/><\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:start;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\"><br \/><\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:start;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\">Ana Guillot<\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:start;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\"><br \/><\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:start;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\"><br \/><\/span><\/div>\n<div style=\"text-align:start;\"><span style=\"font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:large;\"><br \/><\/span><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ac\u00e1 o All\u00e1 \/ Adentro o Afuera Hay en el tejido de esta red una ausencia. 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