{"id":1601,"date":"2012-10-30T23:15:00","date_gmt":"2012-10-31T02:15:00","guid":{"rendered":"https:\/\/viajeraeditora.wordpress.com\/2012\/10\/30\/sobre-lado-geminis"},"modified":"2015-06-17T04:49:41","modified_gmt":"2015-06-17T07:49:41","slug":"sobre-lado-geminis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/2012\/10\/sobre-lado-geminis\/","title":{"rendered":"Sobre Lado G\u00e9minis"},"content":{"rendered":"<p><!--[if gte mso 9]&gt;   Normal  0      21      false  false  false    ES-AR  X-NONE  X-NONE                                       MicrosoftInternetExplorer4                                     &lt;![endif]--><!--[if gte mso 9]&gt;                                                                                                                                                                                                                                                                                    &lt;![endif]--><!--[if gte mso 10]&gt; \/* Style Definitions *\/  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:\"Tabla normal\";  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-priority:99;  mso-style-qformat:yes;  mso-style-parent:\"\";  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:11.0pt;  font-family:\"Calibri\",\"sans-serif\";  mso-ascii-font-family:Calibri;  mso-ascii-theme-font:minor-latin;  mso-fareast-font-family:\"Times New Roman\";  mso-fareast-theme-font:minor-fareast;  mso-hansi-font-family:Calibri;  mso-hansi-theme-font:minor-latin;  mso-bidi-font-family:\"Times New Roman\";  mso-bidi-theme-font:minor-bidi;} &lt;![endif]--> <\/p>\n<div class=\"Palabrasttulo\" style=\"text-align:center;\"><b><span lang=\"ES-TRAD\">Como un abanico<\/span><\/b><\/div>\n<div class=\"MsoNormal\" style=\"line-height:14pt;\"><\/div>\n<div align=\"right\" class=\"MsoNormal\" style=\"line-height:14pt;text-align:right;\"><span lang=\"ES-TRAD\">Por <i>Loreley El Jaber<\/i><\/span><\/div>\n<div class=\"MsoNormal\" style=\"line-height:14pt;text-align:justify;\"><\/div>\n<div class=\"MsoNormal\" style=\"line-height:14pt;text-align:justify;text-indent:14.15pt;\"><\/div>\n<div class=\"MsoNormal\" style=\"line-height:14pt;text-align:justify;text-indent:14.15pt;\"><span lang=\"ES-TRAD\">Como un abanico, el libro de Virginia Janza, <i>Lado G\u00e9minis<\/i>, se abre al lector ofreci\u00e9ndole una amplia serie de caminos a recorrer. No es casual que empiece estas palabras con la referencia a un abanico precisamente, un objeto tan femenino, que hace al arte de la seducci\u00f3n y a su vez al arte del esconder; un objeto que se pliega y se despliega, se muestra, se guarda, se esconde, se agita, se mueve al vaiv\u00e9n de la mano y de los ojos de la mujer que lo ostenta, de la historia que esos ojos disimulan o exhiben, del hombre que los ausculta. No es casual porque <i>Lado G\u00e9minis <\/i>es un abanico, su movimiento, su feminidad, su apuesta cifrada puede ser contenida en este objeto, en la idea del abanico, o al menos propongo leerlo como si as\u00ed fuera. <\/span><\/div>\n<div class=\"MsoNormal\" style=\"line-height:14pt;text-align:justify;text-indent:14.15pt;\"><span lang=\"ES-TRAD\"><span>\u00a0<\/span>Dividido en cuatro partes, plegadas entre s\u00ed, cada una de ellas est\u00e1 unida al resto y a su vez es aut\u00f3noma, posee sus propios ep\u00edgrafes, sus propios temas, sus propios modos de versificar o de narrar; cada parte nombra a su modo, calla a su modo, pero en todas ellas hay una mujer que se planta y dice la p\u00e9rdida que trae el tiempo, dice la nada, se dice una y diversa, se piensa de a pares, en espejo, duplicada. En suma, una mujer que dice y simult\u00e1neamente calla, oculta; una mujer que sin ambig\u00fcedades declara: \u201csiempre hay una fosa\u201d. Este verso se refleja en otro del citado poema de Mercedes Roff\u00e9: \u201cla memoria del hueco\u201d, imagen tan efectiva para este libro, tan <i>definitoria<\/i> del mismo. Porque aqu\u00ed leemos la historia del hueco conscientemente escondida, ocultada \u2013\u201cas\u00ed qued\u00e1s\/ recatada palabra\/ que muere dentro m\u00edo\u201d\u2013 pero tambi\u00e9n (o quiz\u00e1s por eso mismo) siempre presente. Virginia Janza dice el hueco una y otra vez, ostenta el gesto del ocultamiento, nos muestra un no-decir constitutivo, identitario, un silencio plagado de sentido que surge ante la imposibilidad de enunciarlo todo: \u201cy eso me cuesta\/ renunciar a pedazos de mi cuerpo\/ borrar pedacitos de mi historia\/ qu\u00e9 digo\/ grandes partes de m\u00ed\/ aunque una no quiere\/ morir en el intento\u201d.<\/span><\/div>\n<div class=\"MsoNormal\" style=\"line-height:14pt;text-align:justify;text-indent:14.15pt;\"><span lang=\"ES-TRAD\">Ese todo que es cuerpo e historia, hueco y memoria, que es fosa iluminada, es parte de un yo complejo marcado por un movimiento incesante de contenci\u00f3n y desborde: \u201cla represa ha soltado\/ la represa ha soltado las palabras\/ y ya no nos podremos nombrar\u201d. El sujeto es innombrable, hay algo del orden de su esencia, de su identidad, que es inasible. En alg\u00fan momento lo confiesa: \u201cme temo inaprensible\u201d, y ese temor \u2013que es autodefinici\u00f3n, autorretrato breve y a\u00e9reo\u2013 se sostiene en una constante dualidad, en un nosotros que tambi\u00e9n es alcanzado por lo innominado. Indecible pero audible, indefectiblemente presente: \u201cescuchando solamente esa voz\/ que late por dentro\/ tuc tuc\/ tuc tuc\/ tuc tuc\/ tuc tuc\/ (no te pierdas)\u201d. <\/span><\/div>\n<div class=\"MsoNormal\" style=\"line-height:14pt;text-align:justify;text-indent:14.15pt;\"><i><span lang=\"ES-TRAD\">Lado G\u00e9minis<\/span><\/i><span lang=\"ES-TRAD\">, fiel a su t\u00edtulo, se construye en base a un juego de pares que, o bien se sostiene en la materia de la poes\u00eda, o bien lo hace mediante un juego dial\u00f3gico de voces que se entabla incluso gr\u00e1ficamente a trav\u00e9s del uso de la cursiva y del par\u00e9ntesis: \u201cqu\u00e9 escisi\u00f3n est\u00fapida aconsejar\u00edas\/ vos, cirujano de \u00f3rganos tibios\/ <i>\u00bfamputarme la mirada de una vez?<\/i>\/ <i>\u00bfdejar salir la lengua-jirafa<\/i>?\/ Nada de eso\u2026\u201d; \u201calguna vez fuimos\/ parejos\/ (\u00bfpod\u00e9s sentirlo todav\u00eda?)\u201d.<\/span><\/div>\n<div class=\"MsoNormal\" style=\"line-height:14pt;text-align:justify;text-indent:14.15pt;\"><span lang=\"ES-TRAD\">El cuerpo amputado, amputable, como el yo plural innombrado e innombrable, como el todo imposible de abarcar. Lo asible resulta tan poco, lo real tan peque\u00f1o. As\u00ed entra el tiempo en este libro, el paso del tiempo y con \u00e9l el aprender: \u201cHubo un tiempo en que fui\u2026 pero luego supe\u201d. El saber es decepci\u00f3n; el crecimiento que traen los a\u00f1os, deriva. No hay resguardo en el presente, all\u00ed el \u00fanico refugio posible es el pasado: \u201cen el agua parec\u00edamos no ser\/ nosotros en el tiempo\/ jug\u00e1bamos carreras de nado\/ resbal\u00e1bamos barrenador\/ flotando quietos\/ panza arriba\/ caminata lunar en el fondo\/ escamas nos un\u00edan la cola de sirena\/ m\u00e1s all\u00e1 las fr\u00edas corrientes\/ los bancos de arena\/ espuma amarilla\/ tus ojos minerales\/ reflejos\/ estupefacto ojo\/ sigui\u00e9ndome a todas partes\u201d. La belleza de la memoria de una dupla a nado perdura en el ojo de la ya no tan joven y encuentra, por suerte, palabra. <\/span><\/div>\n<div class=\"MsoNormal\" style=\"line-height:14pt;text-align:justify;text-indent:14.15pt;\"><span lang=\"ES-TRAD\">La monoton\u00eda del hoy clausura el viaje, lleva a buscar el camino a tientas y a perderse, lleva a preguntarse: \u201cqu\u00e9 sigue cuando el tiempo consume\u201d. Janza nos regala un sendero, construye trabajosamente un espacio de contenci\u00f3n al desborde de un tiempo amplio que se ramifica y as\u00ed socava toda imagen de arraigo, de seguridad terrosa. El sendero es, como no pod\u00eda ser de otro modo, una imagen conjunta: \u201cla fosa y la orilla\u201d; imagen cuya apuesta se ve reforzada en un doblez genuinamente geminiana, desde el que sugiere \u201cmantener la boca cerrada\/ apretar fuerte los labios\/ y no permitir la huida\u201d y a su vez exponer por completo la piel \u201cporque cuanto m\u00e1s carne\/ m\u00e1s roja\/ m\u00e1s suelta\u201d.<\/span><\/div>\n<div class=\"MsoNormal\" style=\"line-height:14pt;text-align:justify;text-indent:14.15pt;\"><span lang=\"ES-TRAD\">El pliegue del abanico no se ve, nadie repara en ese peque\u00f1o fragmento contenido y reiterado, que se esconde, que hace al movimiento, que permite su r\u00edtmica seducci\u00f3n desplegada. <i>Lado G\u00e9minis<\/i> muestra cada pliegue y asimismo lo abre entero, lo sacude, lo detiene. Virginia Janza exhibe al mismo tiempo una piel rojamente abierta y un par de labios fruncidos, una boca lacrada.<\/span><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como un abanico Por Loreley El Jaber Como un abanico, el libro de Virginia Janza, Lado G\u00e9minis, se abre al lector ofreci\u00e9ndole una amplia serie de caminos a recorrer. 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