{"id":5804,"date":"2016-10-04T07:58:43","date_gmt":"2016-10-04T10:58:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.viajeraeditorial.com.ar\/?p=5804"},"modified":"2016-10-04T07:58:43","modified_gmt":"2016-10-04T10:58:43","slug":"en-un-suspiro-ricardo-czikk","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/2016\/10\/en-un-suspiro-ricardo-czikk\/","title":{"rendered":"En un suspiro * Ricardo Czikk"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Tres hombres y la \u00fanica mujer atractiva, para colmo sugerente y tramposa. S\u00ed, muy tramposa. Hab\u00eda dicho no saber nada cuando pronunci\u00f3 una mentira, pero todos saben de su enorme hipocres\u00eda. Enorme y originaria. Plantada, como el \u00e1rbol del que diera de comer a su pareja, termin\u00f3 erigi\u00e9ndose en el centro forzoso de todo cuanto exist\u00eda.<br \/>\n***<br \/>\nQuiz\u00e1 los cuatro habitaran un desierto o un vergel repleto de \u00e1rboles. Podr\u00eda haberse tratado de un oasis casual en medio de una nada tremenda, tal como si aquella hubiera sido una planicie pampeana interminable. O, habr\u00eda sido una estepa blanca nevada, mechada por algunos espor\u00e1dicos \u00e1rboles blancos, siberiana fantas\u00eda.<br \/>\nHubo un d\u00eda y luego otro en que esa mujer pariera dos varones.<br \/>\nEllos jugaron hasta un instante letal. Uno de ellos habr\u00eda de imponerse al otro. Altercados por cuestiones nimias: comida, el tiempo de exclusividad para habitar el regazo materno, los chiches del otro. Inequ\u00edvocas pistas de futuro cargado de nubarrones bajos y espesos.<br \/>\n***<br \/>\nLas intervenciones del padre eran b\u00e1sicamente ineficaces.<br \/>\nTras la expulsi\u00f3n qued\u00f3 cerrado en s\u00ed mismo, mal dormido, cabizbajo. Tomado de ella, apreci\u00f3 con desesperaci\u00f3n, c\u00f3mo se instalaban dos espadas flam\u00edgeras que cerraban de forma inexorable su retorno. A los pocos segundos dos guardias altos, fornidos con ojos imperturbables y rictus repulsivo labrados en sus m\u00e1scaras de hierro, amenazaban a quien intentara regresar. Baj\u00f3 la cabeza. Hab\u00eda perdido la oportunidad de vivir con estilo relajado, ed\u00e9nico. Ella nunca se hizo cargo de su acto tentador y palabras sibilantes, tambi\u00e9n lascivas. Se escud\u00f3 en la otra, a quien llamaba la arrastrada, una verdadera serpiente que le habr\u00eda sugerido tomar del fruto. \u00c9l probaba sin suerte separar a los hermanos cuando re\u00f1\u00edan. Como en todas las historias fraternas, el padre incrementaba la rivalidad al ser incapaz de resolverla.<br \/>\n***<br \/>\nTres hombres y una mujer. Tras la expulsi\u00f3n, toman nota de que no ser\u00e1n como dioses. Ella se ha puesto una m\u00ednima vestimenta. Desnuda no era apetecible, pero ahora lo enciende. Se acerca, se hacen cosquillas, manosean, excitan y casi sin darse cuenta, se descubren. M\u00e1s tarde parir\u00e1 con dolor, primero a uno y luego al siguiente. Dos hermanitos. Sin otras mujeres, el clima se volver\u00e1 m\u00e1s y m\u00e1s opresivo. El padre no logra reponerse y ella no refrena su boca desmesurada. El griter\u00edo de los chiquillos es insoportable: corren y se arrancan el cabello en refriegas frecuentes y escandalosas. Lo an\u00f3malo se vuelve norma. El grupo, aislado y denso, acude a una piedra para elevar plegarias. El padre y la madre a\u00fallan: piden perd\u00f3n por haber desperdiciado la oportunidad y ahora estar solos, perdidos y a la deriva. Los hijos observan la escena sin entender bien. Se pliegan al altar incinerando hojas que dejan salir un humo blanco, persistente, infinito, en la esperanza que del cielo llueva el alivio.<br \/>\n***<br \/>\nLos varoncitos crecen y se hacen j\u00f3venes, casi adultos, con todas las de la ley. Su impulso sexual empeora el panorama. Salen de caza para traer lo mejor, plantan y recogen el privilegiado primer fruto de los \u00e1rboles, pretendiendo que la ofrenda sea aceptada.<br \/>\n***<img loading=\"lazy\" class=\"wp-image-5805 alignright\" src=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/obra-381-1-632x813.jpg\" alt=\"obra-381-1\" width=\"452\" height=\"581\" srcset=\"https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/obra-381-1-632x813.jpg 632w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/obra-381-1-1020x1311.jpg 1020w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/obra-381-1-257x330.jpg 257w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/obra-381-1-350x450.jpg 350w\" sizes=\"(max-width: 452px) 100vw, 452px\" \/><br \/>\nDemos un nombre a cada quien: Ad\u00e1n, Eva, Ca\u00edn y Abel. Dios campea. Tetragrama impronunciable YWVH, Elohim, due\u00f1o de lo existente. Ad\u00e1n escondido en el Ed\u00e9n trat\u00f3 de no ser interpelado, aunque su rostro expresara culpabilidad. Cara larga. Los hijos supieron de c\u00f3mo se hab\u00eda arrastrado por una mujer. El mal camino. Silencioso Ad\u00e1n, escond\u00eda su rostro en la quietud de la tienda, mientras escuchaba a Eva parlotear incesantemente sobre el futuro de los ni\u00f1os.<br \/>\nPara estas escenas se acostumbra imaginar un clima t\u00f3rrido en un mundo pleno de recursos, sin preocupaciones por el d\u00eda de ma\u00f1ana donde Dios proveer\u00e1 y no habr\u00e1 que sembrar, ni cosechar ni esforzarse. Pero lo cierto es que all\u00ed las jornadas largas con el sol a pico, condicionaban los ideales y la puja fraterna se hac\u00eda en un crescendo continuo.<br \/>\n***<br \/>\nCa\u00edn trae su ofrenda y aunque huela mejor que el don de Abel, su padre lo rechaza. No es rechazo, es desconsideraci\u00f3n, es un reojo, un soslayo, un brillo opacado, sutil. El nombre de Abel proviene de suspiro, porque durar\u00e1 menos que ello. Ca\u00edn proviene de adquisici\u00f3n. Trabajar\u00e1 duramente por haber robado el \u00faltimo aliento a Abel. Duro porvenir.<br \/>\n***<br \/>\nParece ser que Ca\u00edn dijo algo a su hermano, pero qued\u00f3 en una serie de puntos suspensivos y no sabemos el texto de la invitaci\u00f3n. Pudo haber sido:<br \/>\nSalgamos de aqu\u00ed y busqu\u00e9monos una mujer para cada quien.<br \/>\nEntonces Abel pudo haberse burlado diciendo: no seas rid\u00edculo, no hay m\u00e1s mujeres que mam\u00e1 y como ella me prefiere, pap\u00e1 no aceptar\u00e1 nada tuyo.<br \/>\nComenzaron a discutir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">***<br \/>\nAbel gir\u00f3 como todos los prepotentes que dan la espalda crey\u00e9ndose invencibles. Ca\u00edn ya ten\u00eda en su mano un hueso macizo de vaca. Lo hab\u00eda tomado para entretenerse. En un claro del bosque le asest\u00f3 el golpe. Nadie los vio. Por ello las escrituras se abstuvieron de contar algo m\u00e1s. Al no haber testigos el registro se volvi\u00f3 puntitos interminables que muchas generaciones intentaron descifrar, sin \u00e9xito.<br \/>\nSiguiendo la suerte de su nombre, Abel caminaba liviano, como nube et\u00e9rea. Ca\u00edn pisaba fuerte, ennegreciendo y amorat\u00e1ndose de enojo. Abel se hac\u00eda el que no ve\u00eda, o realmente no apreciaba nubes de tormenta en el horizonte. Dicen que Ca\u00edn revole\u00f3 su arma blanca, otros aseguran que la clav\u00f3 en la nuca de Abel.<br \/>\n***<br \/>\n\u00bfFue ese un largo combate?<br \/>\nSe saludaron ceremoniosos con una mano abierta y la otra cerrada en un pu\u00f1o.<br \/>\nSe miraron fijo. Se dijeron cosas como:<br \/>\n\u201cHace rato que alguien tendr\u00eda que haberte puesto en tu lugar\u201d o bien \u201cDemasiado me aguant\u00e9 estas ganas de cagarte bien a trompadas\u201d<br \/>\nBajaron la frente para saludarse. El aire comenz\u00f3 a silbar por los golpes y patadas. Giraban armoniosos. Alguien podr\u00eda condenar este relato por imposible, \u00a1est\u00e1 fuera de las posibilidades! Ca\u00edn y Abel, sin embargo, contuvieron en aquella lucha a todos los combates y modos de matar.<br \/>\nUno con nunchaku, el otro la katana. H\u00e1biles corr\u00edan sus cabezas ante las flechas del otro.<br \/>\n\u00bfHab\u00edan practicado Kung Fu?<br \/>\nQuiz\u00e1 en tanta espera de un final anunciado, se hayan entrenado en los secretos de los templos de Oriente. Hubo un golpe certero. Abel cay\u00f3 con la cabeza contra la ra\u00edz de un \u00e1rbol.<br \/>\n***<br \/>\nDon Quijote sosten\u00eda con tristeza que las armas de fuego hab\u00edan sido la raz\u00f3n del final de la Caballer\u00eda. Ellas permiten, sostendr\u00eda en una larga pr\u00e9dica en uno de los paradores de la Mancha donde pasaba noches alucinadas, pelear sin combatir cuerpo a cuerpo, quitando la vista del otro y ni siquiera contemplarlo a los ojos en un final an\u00f3nimo, cobarde, indigno de humanos que al menos se inquietan por corroborar la identidad de la v\u00edctima.<br \/>\nSiguiendo esta l\u00ednea cuasi hist\u00f3rica, pudo haber sido una ametralladora la que ratatatattt, hac\u00eda ruido como en una pel\u00edcula americana y Abel en esta versi\u00f3n respondi\u00f3 con una granada (ah\u00ed se lo ve mordi\u00e9ndola para arrojarla) y kapuum, pero Ca\u00edn ten\u00eda m\u00e1s poder de fuego y sorpresa, porque estaba listo para el crimen y saca de su media, all\u00ed la ten\u00eda escondida como \u00faltimo recurso, un arma peque\u00f1a que tiene s\u00f3lo dos tiros disponibles, y pum pum. Final.<br \/>\n***<br \/>\nCa\u00edn lo mira a los ojos. Abel queda hipnotizado. Presiente la furia que bulle en el interior de su hermano. Pero quiere creer que Ca\u00edn tomar\u00e1 conciencia de la falla del padre al aceptar un presente en detrimento del otro. \u00bfO fue Dios quien insidioso pretendi\u00f3 ponerlos a prueba?. Se est\u00e1 por consumar el primer homicidio en la humanidad y ser\u00e1 entre hermanos. Se puede achacar a Eva que siempre mostr\u00f3 su preferencia por Ca\u00edn y lo malcri\u00f3, le consinti\u00f3 sus caprichos y su salvajismo. Abel se sinti\u00f3 protegido por el padre.<br \/>\nEl asesinato pudo haber sido m\u00e1s sencillo: sin que Abel se resistiera, Ca\u00edn lo tom\u00f3 del cuello y lo solt\u00f3 cuando sinti\u00f3 que el otro no ten\u00eda m\u00e1s aire para soltar. Hasta el \u00faltimo aliento. Abel no dej\u00f3 descendencia. Las sangres derramadas clamar\u00e1n desde la tierra y Dios buscar\u00e1 al culpable sabiendo de antemano quien ha sido. Como antes ya hab\u00eda revoloteado por el Eden buscando a Ad\u00e1n sabiendo donde se hallaba. Dios es ret\u00f3rica pura, es quien pregunta sabiendo la respuesta. Pero quiz\u00e1 sea magn\u00e1nimo, ya que habilita la confesi\u00f3n. Las culpas no resueltas de los padres caer\u00e1n sobre las siguientes generaciones. Hasta la \u00faltima.<br \/>\n***<br \/>\nUn arma de fuego y con fuego. Lo inciner\u00f3 para que nada quedara y sus restos se encolumnaran al cielo para que Dios oliera y no se equivocara: Ca\u00edn, yo el asesino, mat\u00e9 por un \u00fanico motivo, tu desd\u00e9n diospadre, tu nariz fruncida y malvada que ahora podr\u00e1 regodearse con el aroma de tu elegido. Abel se hizo fragancia Padre para tu eterno olfato. Ser\u00e1s quien tendr\u00e1 que advertir a la humanidad que esa podredumbre est\u00e1 en su esencia.<br \/>\nCa\u00edn lo ignor\u00f3. Abel lo mir\u00f3 implorante cuando estaba en el suelo ya agonizando.<br \/>\n***<br \/>\nLa familia puede ser una verdadera desgracia.<br \/>\n***<br \/>\nCa\u00edn se moj\u00f3 de miedo. Teme ser perseguido por Los Vengadores. Se esconde. Se esconde. Se esconde. No queda claro de qu\u00e9 ya que no habr\u00eda m\u00e1s habitantes sobre la tierra. Se trata de una de las tantas contradicciones que acumula el texto b\u00edblico, al igual que \u00e9ste. Est\u00e1 maldito. Lleva la marca en su frente. Ser\u00e1 reconocido. Fue un homicidio, mat\u00f3 a la humanidad toda. La que habr\u00eda descendido desde Abel y que hoy no existe. Cuando Mois\u00e9s baje del Monte Sina\u00ed se explicar\u00e1 la diferencia: el mandamiento labrado en piedra dice \u201cno asesinar\u00e1s\u201d. Cain pretendi\u00f3 arg\u00fcir haber matado en defensa propia, pero fue clara la intencionalidad, las ganas de limpiar el mundo de rivales.<br \/>\n***<br \/>\nEl G\u00e9nesis no aclara qu\u00e9 pas\u00f3 con los padres. S\u00f3lo se sabe de Dios enfurecido y Ca\u00edn en p\u00e1nico. \u00bfHabr\u00e1 llorado Eva? Los griegos habr\u00edan convertido este relato en tragedia: Eva de un plumazo se queda sin dos hijos, gira y acusa a Ad\u00e1n de inoperante e inservible. Clamar\u00eda clemencia a alguno de los dioses del Olimpo y si bien Abel no resucita, los dioses tras un intenso debate lo convierten en nuevo dios del pante\u00f3n. Dicen: hagamos un dios de las v\u00edctimas de las rivalidades fraternas.<br \/>\nPero la Biblia es seca, sin adornos y lac\u00f3nica. S\u00f3lo nos dice que Ad\u00e1n y Eva vuelven a parir otro ni\u00f1o tiempo despu\u00e9s, Enoch. Ya crecido, agreguemos, lo llevan a la tumba de Abel para que se entere de las malas acciones de Ca\u00edn, y que as\u00ed aprenda.<br \/>\nPero cuando parec\u00eda todo quedar omitido, elidido de la memoria, Dios se harta de esta mala gen\u00e9tica y adviene el diluvio universal. Sodoma y Gomorra, la maldad de N\u00ednive, la pulsi\u00f3n incontrolable, todo fue hundido en agua bendita.<br \/>\n***<br \/>\nUna s\u00edsmica inundaci\u00f3n sin tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Ricardo Czikk<\/strong>, 2016.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tres hombres y la \u00fanica mujer atractiva, para colmo sugerente y tramposa. S\u00ed, muy tramposa. Hab\u00eda dicho no saber nada cuando pronunci\u00f3 una mentira, pero todos saben de su enorme hipocres\u00eda. Enorme y originaria. 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