{"id":6151,"date":"2017-07-09T18:51:10","date_gmt":"2017-07-09T21:51:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.viajeraeditorial.com.ar\/?p=6151"},"modified":"2017-07-09T18:51:10","modified_gmt":"2017-07-09T21:51:10","slug":"el-diploma-cristina-eseiza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/2017\/07\/el-diploma-cristina-eseiza\/","title":{"rendered":"El diploma * Cristina Eseiza"},"content":{"rendered":"<p>De la Serie Objetos<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se fue de casa y me dej\u00f3 su diploma de m\u00e9dico. Era natural, porque nunca hab\u00eda querido serlo. Se desprendi\u00f3 de esa piel y me la dej\u00f3, a m\u00ed s\u00ed me gustaba que lo fuera, porque se parec\u00eda a mi pap\u00e1. Siempre so\u00f1\u00e9 tener un novio m\u00e9dico, as\u00ed me curaba y me cuidaba, palabras que en su etimolog\u00eda son sin\u00f3nimos.<br \/>\nSu padre hab\u00eda sido neurocirujano, de la escuela de Finochietto (que quiere decir hinojo peque\u00f1o, hinojito, nada m\u00e1s desacralizador que la gram\u00e1tica para un egregio cirujano que tiene una calle con su nombre), quien lo envi\u00f3 a Suecia a aprender nuevas t\u00e9cnicas de c\u00f3mo abrir los cerebros y volver a cerrarlos sin que las secuelas fueran muy graves; entonces all\u00ed naci\u00f3 \u00e9l, en Estocolmo. Naci\u00f3 entre la nieve y el abatimiento de los pa\u00edses del norte del planeta, cuyos habitantes padecen la oscuridad y se mueren como las plantas sin sol en la ventana de una oficina del micro centro. Seg\u00fan Alicia (Muzio, no Damiano ni Lancilotti que son las otras Alicias que conozco) los nacidos en esas latitudes son irredimibles, se les impregna el alma de tal abandono y desaz\u00f3n que nunca podr\u00e1n ser felices. \u00c9l no era feliz y no pude hacer nada para evitarlo. Aunque lo intent\u00e9 y mucho.<br \/>\nYa desde entonces su condena de nacimiento se habr\u00eda de mezclar para siempre con su otra condena, la de que no quer\u00eda ser m\u00e9dico y tuvo que serlo, por eso me dej\u00f3 el diploma, no se lo llev\u00f3. Me lo regal\u00f3.<br \/>\nMe di cuenta de que el tubo hab\u00eda quedado junto con otras cosas sin importancia y que ya no usaba, total era m\u00e1s m\u00edo que suyo. Por un momento me pareci\u00f3 que alg\u00fan d\u00eda iba a volver a buscarlo pero inmediatamente entend\u00ed que all\u00ed se quedaba el Tulio que yo hab\u00eda cre\u00eddo que era. Junto con varios trajes en desuso, con recetarios, con un sobretodo y un piloto ostensiblemente descartados, tambi\u00e9n dej\u00f3 el diploma y nunca volvi\u00f3 a buscarlo.<br \/>\nCuando nos reencontramos despu\u00e9s de treinta a\u00f1os, me pareci\u00f3 que estaba igual a cuando \u00e9ramos compa\u00f1eros de colegio y pens\u00e9 que era arquitecto: exc\u00e9ntrico, irreverente, artista\u2026 arquitecto. Pero ya hab\u00eda tenido un novio compa\u00f1ero de colegio y arquitecto, no estaba preparada para otro, y como si fuera poco, de Leo los dos. Demasiado.<br \/>\nUn tiempo despu\u00e9s me cont\u00f3 que era m\u00e9dico y que en Estados Unidos hab\u00eda dejado morir, orinando los humores de su cuerpo, a una paciente vietnamita. Hab\u00eda sido un error quir\u00fargico pero irreparable, tr\u00e1gico. Me qued\u00e9 mir\u00e1ndolo entre distra\u00edda e incr\u00e9dula pero no me asust\u00e9 como quer\u00eda que sucediera. Despu\u00e9s intent\u00f3 seguir horroriz\u00e1ndome con otras an\u00e9cdotas menos cient\u00edficas pero igualmente s\u00f3rdidas y penosas: no logr\u00f3 amedrentarme. El miedo vendr\u00eda, un poco m\u00e1s tarde. No por lo contado.<br \/>\nEn realidad, vi bien ese d\u00eda en que nos reunimos para organizar la cena de egresados, porque cuando ya viv\u00eda conmigo, se hizo un test vocacional con cuarenta a\u00f1os de retraso y fue irrefutable: arquitecto. Era lo que le habr\u00eda gustado ser, por eso lo actuaba.<br \/>\nNo se sent\u00eda m\u00e9dico por eso no me cuid\u00f3 ni me cur\u00f3 y cuando lo hizo fue en contra de su voluntad, as\u00ed como lo hab\u00eda sido seguir una carrera que odiaba y despreciaba, obligado a pisotear sus deseos e inclinaciones, a dejarse vencer por la intransigencia y la rigidez. Le ofrec\u00ed mi ayuda para terminar con esa tiran\u00eda de aprensi\u00f3n y fastidio. Parece que era tarde.<br \/>\nAhora que lo pienso, fue el arquitecto el que me llev\u00f3 a su casa, conduci\u00e9ndome dispendioso y seguro hacia la salida, entre la marea humana, el que, expansivo, encendi\u00f3 velas, puso m\u00fasica y sirvi\u00f3 champagne, el que se extasi\u00f3 con mis caricias pero tambi\u00e9n con mis palabras y que despu\u00e9s de casi doce horas declar\u00f3 que no pod\u00eda dejar de besarme.<br \/>\nPara entonces ten\u00eda una excoriaci\u00f3n en el ment\u00f3n, producto de su barba mal afeitada y el recuerdo de su cuerpo desnudo en la penumbra ocupada por el ruido del tren. El rasp\u00f3n se fue con una pomada, el recuerdo perdura.<br \/>\nEl arquitecto me asedi\u00f3 de todas las formas posibles, tradicionales y no convencionales, llamados, flores, cenas, regalos, m\u00e1s besos y m\u00e1s caricias y sin dificultades se confes\u00f3 enamorado y se prepar\u00f3, gozoso, para disfrutar de lo que hab\u00eda estado buscando pero \u201cno esperaba encontrar tanto\u201d. El otro, agazapado, esperaba su oportunidad. Hasta que lleg\u00f3.<br \/>\nEl iluso arquitecto, que se hab\u00eda abierto paso entre la oscuridad y la degollina y se hab\u00eda manifestado con toda la enjundia amorosa de que era capaz, fue marchit\u00e1ndose, gimiendo quedamente, agonizando d\u00eda a d\u00eda ante el desp\u00f3tico, el irascible, el de la negra sombra y la mirada torva: el doctor, el que abre cabezas y corazones sin importarle el da\u00f1o colateral.<br \/>\n\u00c9ste le gan\u00f3, asfixi\u00f3 lenta pero implacablemente a su rival, le quit\u00f3 la palabra, le cercen\u00f3 el sano juicio, prohibi\u00f3 los besos y las caricias, ahog\u00f3 cualquier conato de satisfacci\u00f3n, placer o asombro, borr\u00f3 las sonrisas, limit\u00f3 los encuentros y, sabedor de su triunfo absoluto, se dedic\u00f3 a sembrar lo que conoc\u00eda muy bien y cuyo amargo fruto habr\u00eda de llenarlo de tranquilidad: fastidio, indiferencia, sufrimiento, rabia, devastaci\u00f3n. Hasta que no qued\u00f3 casi nada del arquitecto ni de nosotros. Una vez m\u00e1s result\u00f3 exitoso, intimid\u00f3 al otro con su viejo discurso de v\u00edctima irrecuperable, lo redujo a un amasijo de deseos y proyectos inalcanzables, lo llev\u00f3 a la desesperaci\u00f3n y puso su pie triunfante sobre el rostro sudoroso de su antiguo enemigo y conviviente.<br \/>\nMe qued\u00e9 mirando, tratando de recuperar del vendaval al que se dijo enamorado, al que me llen\u00f3 de besos hasta lastimarme la piel con su ment\u00f3n hirsuto, al que guard\u00f3 celoso el n\u00famero de una rifa porque era m\u00edo, al que tendi\u00f3 su cama r\u00e1pidamente porque no quer\u00eda vestigios del amor para no extra\u00f1arme, al que me dej\u00f3 un mensaje en el contestador antes de que llegara a mi casa y al que me trajo jazmines en bicicleta a la media hora de habernos despedido en la puerta de su departamento.<br \/>\nDe \u00e9se no qued\u00f3 nada, aunque trat\u00e9 una y otra vez de curarlo y cuidarlo tal como quer\u00eda que hiciera conmigo, pero fue imposible. El cirujano que trepana cerebros y diseca corazones se hab\u00eda bebido toda su savia. Hab\u00eda desaparecido. Fue consumi\u00e9ndose ante la virulencia de los colerones del otro, de su destrato, de su desamor. La presencia del arquitecto se hizo t\u00edmida y lavada, a veces era posible advertirla en un tono de voz, en una respuesta ingeniosa, en la devoluci\u00f3n de una mirada, en la risa.<br \/>\nFuimos despidi\u00e9ndonos con inmenso dolor, proporcional al regocijo de los primeros encuentros y ambos comprendimos que, otra vez, hab\u00edamos perdido. Volv\u00ed a verlo por unos instantes, maltrecho, anhelante, herido de muerte y suplic\u00e1ndome con la mirada el d\u00eda en que Tulio se fue de casa y me dej\u00f3 su diploma de m\u00e9dico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cristina Eseiza.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-6309\" src=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/il-340x270.757448225-psr1.jpg\" alt=\"\" width=\"340\" height=\"270\" srcset=\"https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/il-340x270.757448225-psr1.jpg 340w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/il-340x270.757448225-psr1-257x204.jpg 257w\" sizes=\"(max-width: 340px) 100vw, 340px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De la Serie Objetos &nbsp; Se fue de casa y me dej\u00f3 su diploma de m\u00e9dico. Era natural, porque nunca hab\u00eda querido serlo. 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