{"id":6755,"date":"2018-01-29T08:16:14","date_gmt":"2018-01-29T11:16:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.viajeraeditorial.com.ar\/?p=6755"},"modified":"2018-01-29T08:16:14","modified_gmt":"2018-01-29T11:16:14","slug":"el-dolor-se-hace-presente-si-no-ves-que-tenes-en-frente-javier-pizarro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/2018\/01\/el-dolor-se-hace-presente-si-no-ves-que-tenes-en-frente-javier-pizarro\/","title":{"rendered":"El dolor se hace presente, si no ves qu\u00e9 ten\u00e9s en frente  * Javier Pizarro"},"content":{"rendered":"<p><em>No es recomendable atravesar el cuarto de un beb\u00e9 a oscuras si se desea pasar desapercibido. Los infantes llevan como impronta el arte de distribuir estrat\u00e9gicamente sus artefactos para que golpeen de manera imprevista al invasor.<\/em><br \/>\nYa est\u00e1 por dem\u00e1s claro que la tarea de dormir a una criatura no es un trabajo f\u00e1cil. Entre rutinas cambiantes (la de \u00e9l y las nuestras), humores variantes e infinidad de etc\u00e9teras que nos hacen sentir que cada noche nos aventuramos a un nuevo desaf\u00edo en el que nadie se atreve a arriesgar un resultado. Porque es indiscutible que, m\u00e1s tarde que temprano el peque\u00f1o termina durmi\u00e9ndose. Lo que ignoramos es qu\u00e9 tan costoso ser\u00e1 llevar a cabo la gesta, o si las bajas, finalmente ser\u00e1n m\u00e1s de una.<br \/>\nCon todo lo traum\u00e1tico que puede ser esto para un adulto, no tiene comparaci\u00f3n con la sensaci\u00f3n de desamparo que se experimenta al comprobar que luego de luchar contra viento y marea para que el peque\u00f1o concilie el sue\u00f1o, el destino nos impone que nuevamente debemos entrar a su cuarto. Las razones pueden ser infinitas, inclusive si s\u00f3lo contamos las de extrema urgencia como ser: celulares o tel\u00e9fonos inal\u00e1mbricos olvidados muy cerca de donde descansa ahora el peque\u00f1o, un reloj, una agenda o cualquier otro objeto, que no tiene funcionalidad alguna en el recinto del menor, que por esas causalidades de la vida, en estos momentos, nos es imprescindible recuperar.<br \/>\nEn un estado de absoluta resignaci\u00f3n, lo primero que se nos ocurre como medida extrema de seguridad, es que la incursi\u00f3n debe llevarse a cabo con el cuarto completamente oscuro. El razonable argumento que sostiene este artilugio, es para evitar que la luz LO despierte. Porque todos sabemos que si se durmi\u00f3 y se despert\u00f3, volver a dormirlo, ser\u00e1 mucho, pero mucho m\u00e1s trabajoso<br \/>\nEntonces, nos ubicamos en la puerta, del otro lado de la frontera, nos descalzamos porque de esta forma tambi\u00e9n minimizaremos el ruido de nuestros pasos. Observamos nuestros pies, el descubrirlos envueltos de una media que absorber\u00e1 cada m\u00ednima part\u00edcula sonitiva de los pasos nos transporta, nos materializa en un YO oculto y desconocido hasta este momento. Somos los ninjas del hogar. Una suerte de h\u00e9roe an\u00f3nimo que se mueve sigilosamente entre las sombras, como si no existiera, como si fuera una brisa. La onda de un pensamiento apoyado en el aire en busca de cumplir su \u00fanico objetivo. Mercenarios de la justicia, esa que llega sin avisar y se retira an\u00f3nimante.<br \/>\nEstamos listos, \u00e1giles y valientes. Nuestra mano envuelve el picaporte de esa puerta que nos separa de nuestra pr\u00f3xima aventura. La abrimos con esmerada lentitud y delicadeza. Escuchamos una suave y constante respiraci\u00f3n, m\u00fasica para nuestros o\u00eddos. Sabemos que tenemos contados segundos antes de volver a cerrarla desde adentro, para ubicar a la distancia la \u201ccosa\u201d olvidada. \u00a1Ah\u00ed est\u00e1! Una emoci\u00f3n contenida nos exalta el pecho al divisarla. Por fortuna las habitaciones no son tan grandes y eso nos da la ventaja de dejarnos a breves pasos. Avanzamos con extremo cuidado. Si somos afortunados, ahora que hay oscuridad absoluta, lo hacemos en direcci\u00f3n hacia donde pensamos encontrarnos con el preciado tesoro perdido, si no, solamente en alguna direcci\u00f3n al azar (como la vida misma).<br \/>\nAlrededor del tercer paso, nos damos cuenta de nuestro primer error: ingresar descalzos. Cuando no le damos una patada a una mesa de actividades, descansamos nuestro peso sobre alguna pieza angulosa de madera. O lo que es peor, lo descargamos de lleno sobre alg\u00fan juguete de goma, de esos que chiflan cuando sacan aire y chiflan m\u00e1s cuando entra. Esto si tenemos la fortuna de no triturar ning\u00fan juguete de pl\u00e1stico que en su ejercicio de inmolaci\u00f3n se vengar\u00e1 dej\u00e1ndonos la planta del pie llena de pedacitos incrustados. Con el primer paso fallido, comienza el efecto en cadena y al primer salto, mientras estamos en el aire, sabiendo que indefectiblemente nuestro siguiente paso ser\u00e1 m\u00e1s escandaloso que el anterior, caemos en la cuenta de nuestro segundo gran error: estar en absoluta oscuridad en terreno enemigo y minado.<br \/>\nSi la criatura no se despert\u00f3 por el estridente concierto, seguramente lo har\u00e1 cuando reconozca nuestra voz, arengando una variada y surtida colecci\u00f3n de ep\u00edtetos y ruidos guturales en todos los idiomas, todos a la vez.<br \/>\nEn este punto, poco importa, para qu\u00e9 entr\u00e1bamos. V\u00edctimas del perverso juego de la vida, esa gran oca omnipresente que nos devuelve al punto de partida, a ese primer y absolutista casillero que dice: \u201cdeb\u00e9s dormir a tu hijo antes de continuar la partida\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Javier Pizarro<\/strong><em>, Paternidad se estrena<\/em>.<\/p>\n<p>Viajera, 2017.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter  wp-image-6756\" src=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/organizarjuguetes5.jpg\" alt=\"\" width=\"299\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/organizarjuguetes5.jpg 400w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/organizarjuguetes5-257x193.jpg 257w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/organizarjuguetes5-350x263.jpg 350w\" sizes=\"(max-width: 299px) 100vw, 299px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No es recomendable atravesar el cuarto de un beb\u00e9 a oscuras si se desea pasar desapercibido. 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