{"id":6832,"date":"2018-02-25T15:37:45","date_gmt":"2018-02-25T18:37:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.viajeraeditorial.com.ar\/?p=6832"},"modified":"2018-02-25T15:37:45","modified_gmt":"2018-02-25T18:37:45","slug":"la-mirada-inquieta-sobre-el-fin-de-la-siesta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/2018\/02\/la-mirada-inquieta-sobre-el-fin-de-la-siesta\/","title":{"rendered":"La mirada inquieta: Sobre El fin de la siesta"},"content":{"rendered":"<p>Sobre <em>El fin de la siesta<\/em> de Eduardo Camisassa<br \/>\nPor <strong>Eduardo Stafforini<\/strong><br \/>\nEn la lejana d\u00e9cada del cincuenta un ni\u00f1o se empe\u00f1a en descubrir el mundo. Desde un pueblo de la Provincia de Buenos Aires interpela, cuestiona y pregunta, buscando respuestas que no siempre est\u00e1n disponibles. Con la ayuda de su ingenio entonces, y el pu\u00f1ado de conocimientos que adquirir\u00e1 en el camino, procurar\u00e1 hallar el porqu\u00e9 de las cosas, las leyes universales que gobiernan el mundo. Como aquel el ni\u00f1o que San Agust\u00edn encuentra en la playa, obstinado en trasvasar el agua del mar a un pozo en la arena.<br \/>\nEste es el viaje que nos propone El fin de la siesta, un recorrido a trav\u00e9s de la mirada de Albertito, un ni\u00f1o asombrado, vivaz y siempre inquieto. Por detr\u00e1s, el lector adivinar\u00e1 la del adulto que juega y se divierte, y se emociona desde otro lugar y otro tiempo: el que vino despu\u00e9s de la siesta.<br \/>\nEl camino comienza por la familia del protagonista. Desde all\u00ed, como una onda que crece en el agua, va irradi\u00e1ndose la vida. Desde el centro mismo de la Provincia de Buenos Aires hacia el resto del mundo. Aparecer\u00e1n entonces un sinf\u00edn de personajes y situaciones, gente del pueblo, amigos, parientes, maestros\u2026 y tambi\u00e9n distintos lugares como Rafaela, C\u00f3rdoba o Rosario, a los que Albertito ir\u00e1 para visitar a sus abuelos en ocasiones tan especiales como recordadas\u2026 Y tambi\u00e9n como adulto -saltando por arriba de los a\u00f1os, porque el tiempo es circular- viajar\u00e1 a Italia, la tierra de sus ancestros.<br \/>\nTodo impregna la mirada del protagonista y quedar\u00e1 registrado con total precisi\u00f3n, pues como en un rito, el detalle resultar\u00e1 esencial a la hora de transformar lo vivido en recuerdo. Las descripciones, sin embargo, no aminoran la velocidad de la marcha, est\u00e1n al servicio del relato y no desv\u00edan la atenci\u00f3n del lector. En pocos trazos el padre aparece como un hombre severo, autoritario, gru\u00f1\u00f3n, pero siempre con un fondo de cari\u00f1o y ternura. La madre, en correspondencia, se subordina a la autoridad del hombre, \u00faltima instancia de apelaci\u00f3n. En ese orden jer\u00e1rquico, los ni\u00f1os son la base de la pir\u00e1mide, les toca obedecer. Y el \u00faltimo orej\u00f3n del tarro viene representado por la hermana menor, v\u00edctima de un hermano que la somete a sus permanentes bromas\u2026 un poco de aburrido nom\u00e1s, o quiz\u00e1s porque no puede domesticar su particular naturaleza, mezcla de inocencia, picard\u00eda y una saludable cuota de malicia.<br \/>\nSiempre inquieto por encontrar leyes que expliquen el misterio del universo, Albertito arribar\u00e1 a conclusiones tan sorprendentes como irrefutables. Descubrir\u00e1 que la ganader\u00eda se rige por la tabla del dos y la agricultura por la del cincuenta. Los juegos se clasificar\u00e1n seg\u00fan las reglas de la geometr\u00eda y los precios acatar\u00e1n relaciones jer\u00e1rquicas tan estrictas como la ley de la gravedad: un kilo de ma\u00edz vale menos que un kilo de tren, el gramo de central nuclear resulta m\u00e1s caro que el de sand\u00eda. Todo parece encontrar su orden en un mundo unido por leyes que pueden ser conocidas o no, pero que en todo caso ser\u00e1n descubiertas en alg\u00fan momento por la curiosidad inclaudicable del protagonista. No obstante, siempre habr\u00e1 algo que desborda, planos de la realidad no dispuestos a someterse a las leyes. En las partituras -que el autor asocia con diagramas de flujo- \u201ctodo estaba escrito menos los sentimientos\u201d. He ah\u00ed la cuesti\u00f3n, los momentos de emoci\u00f3n no entran en las tablas de multiplicar\u2026 en todo caso, all\u00ed opera otra aritm\u00e9tica, la del silencio. <img loading=\"lazy\" class=\"wp-image-6833 alignright\" src=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/img-2746-632x632.jpg\" alt=\"\" width=\"492\" height=\"492\" srcset=\"https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/img-2746-632x632.jpg 632w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/img-2746-768x768.jpg 768w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/img-2746-1020x1020.jpg 1020w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/img-2746-257x257.jpg 257w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/img-2746-350x350.jpg 350w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/img-2746.jpg 1512w\" sizes=\"(max-width: 492px) 100vw, 492px\" \/><br \/>\nEn contraste con el humor abierto y hasta socarr\u00f3n que prevalece en buena parte del libro, hay situaciones donde el ni\u00f1o parece suspender su carrera por la comprensi\u00f3n y el clima vira hacia la emoci\u00f3n y el lirismo. La velocidad del relato se aminora y aflora cierta nostalgia no exenta de alegr\u00eda. Como cuando Albertito juega a la pelota con su abuelo Yaco en la provincia de Santa Fe. \u201cS\u00f3lo se escuchaba el ruido de la pelota contra los cuerpos. Concentrados en la aritm\u00e9tica del silencio, el viejo y el chico sumaban el dolor de la despedida y el placer del reencuentro poni\u00e9ndolos en la misma bolsa que exudaba felicidad\u201d.<br \/>\nPrecisamente, a trav\u00e9s del recuerdo del abuelo Yaco se instala otra tem\u00e1tica importante: cierta mirada cr\u00edtica del mundo expresada por una suerte de anarquismo filos\u00f3fico-tel\u00farico. El abuelo Yaco, que no cre\u00eda demasiado en el capitalismo, consagra una frase que resume con gracia esta posici\u00f3n: basta que sea. Ella parece responder a muchas de las preocupaciones que aparecen a lo largo del libro: la nostalgia por un mundo desaparecido, menos complejo y m\u00e1s inocente; la cr\u00edtica al consumismo; el desacuerdo con un modelo de vida basado en el af\u00e1n de lucro y la acumulaci\u00f3n. Precisamente todo lo contrario a lo que hac\u00eda Yaco, que \u201cen su estoicismo hab\u00eda llegado a ser uno de los hombres m\u00e1s ricos, aquellos que ganan mucho porque no necesitan nada\u201d.<br \/>\nNarrado en primera persona por la voz de un adulto pero con la mirada inconfundible de un ni\u00f1o, el libro nos abre las puertas a un mundo encantado, donde la nostalgia no alcanza a imponerse del todo, pues el humor -siempre presente- se encarga de balancearla evitando cualquier desborde. Se trata de ese humor caracter\u00edstico de la provincia, que el autor domina a la perfecci\u00f3n, y que en este caso se nutre tambi\u00e9n del lenguaje de una \u00e9poca: el de la d\u00e9cada del cincuenta. Cuando la gente pod\u00eda ser ch\u00facara o remilgada, se apretaban las clavijas, hab\u00eda que repasar las lecciones y se dec\u00eda te voy a dar. Usado con maestr\u00eda, este es uno de los elementos que m\u00e1s aporta a la especial coloratura de estos relatos.<br \/>\nHumor y nostalgia, mirada cr\u00edtica sin descuidar nunca la gracia, Camisassa nos invita en su libro a recorrer su mundo singular, una morada llena de recuerdos, an\u00e9cdotas, obsesiones y teor\u00edas tan delirantes como sensatas. Y en ese viaje, contagia al lector su nost\u00e1lgica alegr\u00eda; porque, como dice la poes\u00eda al comienzo del libro, la \u00faltima sinfon\u00eda -la del presente, la inconclusa- es siempre la mejor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre El fin de la siesta de Eduardo Camisassa Por Eduardo Stafforini En la lejana d\u00e9cada del cincuenta un ni\u00f1o se empe\u00f1a en descubrir el mundo. 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