{"id":8009,"date":"2019-09-06T10:00:50","date_gmt":"2019-09-06T13:00:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.viajeraeditorial.com.ar\/?p=8009"},"modified":"2019-09-06T10:00:50","modified_gmt":"2019-09-06T13:00:50","slug":"el-que-con-ninos-juega-pierde-javier-pizarro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/2019\/09\/el-que-con-ninos-juega-pierde-javier-pizarro\/","title":{"rendered":"El que con ni\u00f1os juega, pierde * Javier Pizarro"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>Siempre que le propongas un juego a un beb\u00e9, <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>asegur\u00e1te poder mantenerlo por mucho tiempo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Por alguna extra\u00f1a y oscura raz\u00f3n de nuestra inmadura psicolog\u00eda como <em>especie dominante<\/em>, a la mayor\u00eda de los adultos nos atrae la idea de vernos \u201cdivertidos\u201d frente a una criatura. En pos de generar y sostener este personaje buscamos, en primera instancia, captar su atenci\u00f3n. Atravesado este primer umbral del acercamiento, enterados de que ya captamos la atenci\u00f3n del menor, nuestro ego se endulza y se nos nubla la raz\u00f3n. Dejamos la<br \/>\nmente de lado y el instinto nos grita que estamos en condiciones de generar una profunda huella en su memoria. Tenemos todos los elementos a favor. Nuestra progenie nos mira con ojos vivaces, esperando una propuesta. \u00bfC\u00f3mo negarnos? \u00bfC\u00f3mo desconocer ese terrible y ensordecedor llamado de la naturaleza? Seg\u00fan entiendo, existen tres niveles de reconocimiento y afianzamiento del v\u00ednculo padre-hijo. En el nivel uno, s\u00f3lo<br \/>\nnos limitamos a entender y asimilar que compartimos un mismo espacio circundante. Nuestras mentes, desde su lugar m\u00e1s primitivo, ceden sus pensamientos agresivos de defensa territorial, para permitir una mutua aceptaci\u00f3n y abrir la posibilidad a los primeros pasos del v\u00ednculo.\u00a0 Comenzamos a vernos como aliados y no como enemigos. En el siguiente nivel, sabi\u00e9ndonos cooperativos, suceden las interacciones, pero s\u00f3lo<br \/>\nen un estado b\u00e1sico. Miradas y contacto en ejercicios aferrados a la supervivencia de uno u otro individuo. Por \u00faltimo, el tercero, el nivel en donde nos despojamos de prejuicios e interactuamos libremente, seg\u00fan sentires (el nuestro y el de nuestros hijos).<br \/>\nTransitar este \u00faltimo <em>estad\u00edo vincular<\/em> nos invade la mente de interesant\u00edsimas y pedag\u00f3gicas ocurrencias \u2013seg\u00fan el concepto\u00a0que cada uno maneje sobre lo interesante y lo pedag\u00f3gico. Nos lanzamos al ruedo jugando la mejor carta. Vamos a todo o nada.<br \/>\nEnfocamos nuestra energ\u00eda en sacar lo m\u00e1s l\u00fadico de nuestra esencia. Es sabido que con los chicos dif\u00edcilmente tengamos nuevas oportunidades de reivindicaci\u00f3n. Por lo tanto, este despliegue implica un esfuerzo extra. Sin escatimar ni retacear en ideas, anteponemos lo original por sobre lo c\u00f3modo y as\u00ed surgen nuestras primeras creaciones: podr\u00edamos interpretar el car\u00e1cter curioso e inconfundible de alg\u00fan animal o tal vez, buscar la aprobaci\u00f3n incondicional que viene de la mano de las risas producto de alguna retorcida y contracturada morisqueta.<br \/>\nPero lo que seguramente no ha de faltar, es aquella prueba acrob\u00e1tica en la que es indispensable la presencia de nuestro v\u00e1stago. Qui\u00e9n si no \u00e9l, como mejor elemento para ser arrojado por los aires con el \u00fanico objeto de volver a atraparlo en su camino de regreso y precipitaci\u00f3n.<br \/>\nAh\u00ed est\u00e1. Risoteando a carcajadas. En ese inconfundible y contagioso<em> cascadeo<\/em> que hacen los chicos cuando est\u00e1n aprendiendo a re\u00edr estrepitosamente. En esa fracci\u00f3n de segundo, entramos ciento por ciento en sinton\u00eda con nuestro unipersonal auditorio, y nos descubrimos en el m\u00e1s alto pedestal de este solitario podio.<br \/>\nAhora, el mundo entero nos ver\u00e1 con otros ojos y se nos hincha el pecho de s\u00f3lo proyectar el sabor de esta hist\u00f3rica victoria. Pero no todo lo que brilla es oro. O al menos, en nuestro caso, eso que brill\u00f3 como tal pronto tender\u00e1 a opacarse, dej\u00e1ndonos como \u00fanicos testigos de una transmutaci\u00f3n mineral degradante. Sostener una mueca, o un personaje animal, tanto como el revoleo en el aire de nuestro hijo, son ejercicios que tienen los minutos contados.\u00a0 Seguramente los primeros s\u00edntomas de nuestro error, surjan en la modalidad de calambres en alg\u00fan m\u00fasculo de la cara, o simples dolores de nuestros fatigados miembros al saltar\u00a0como una rana o un canguro, o la mortal puntada en medio de la espalda, cual pu\u00f1alada traicionera justo cuando conseguimos revolear a nuestro peque\u00f1o heredero por los aires.<br \/>\nEn circunstancias normales, cualquiera de estas se\u00f1ales es un aviso m\u00e1s que suficiente para deponer creativa actitud que nos desborda. Pero es sabido que \u00e9stas no son \u201ccircunstancias normales\u201d. Una criatura jam\u00e1s se cansa de ver o de ejercitar en algo que lo divierte. Dejar de hacer lo que est\u00e1bamos haciendo genera en nuestro precoz participante el inmediato rechazo, expresado de la peor forma posible:<em> llanto desconsolado<\/em>. Al instante en lugar de h\u00e9roes somos parte de la m\u00e1s oscura galer\u00eda de villanos. Est\u00e1 llorando, y es <em>nuestra culpa<\/em>. Probamos retomar la gracia ejecutada<br \/>\ncon anterioridad o buscar nuevas opciones. Es in\u00fatil. Cualquier intento por recuperar nuestra condici\u00f3n de privilegio no tiene sentido, a partir de este momento seremos estigmatizados como \u201cel padre que hizo llorar desconsoladamente a su hijo\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong>Javier Pizarro<\/strong>, <em>Paternidad se estrena<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Viajera, 2017.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-8010\" src=\"http:\/\/www.viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/sonajeros-para-bees.jpg\" alt=\"\" width=\"540\" height=\"414\" srcset=\"https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/sonajeros-para-bees.jpg 540w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/sonajeros-para-bees-257x197.jpg 257w, https:\/\/viajeraeditorial.ar\/blog\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/sonajeros-para-bees-350x268.jpg 350w\" sizes=\"(max-width: 540px) 100vw, 540px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre que le propongas un juego a un beb\u00e9, asegur\u00e1te poder mantenerlo por mucho tiempo. 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